El amor en la era de la informática


 La obsesión desencripta lo críptico, viola lo mágico, vence a la máquina
                                                       Jorge Drexler

Miguel Ángel Castiñeira García - Las redes sociales son, hoy, un instrumento idóneo para jugar a los detectives, como si el Facebook lo hubiera inventado Mark Zuckerberg en un arranque de celos. Se suceden las rupturas, por causas tecnológicas principalmente, de manera tan natural como se suceden las noches y los días.
Perdónenme si generalizo, pero en mi opinión las relaciones de pareja se han vuelto una guerra informática, una lucha entre dos hackers por ver quién alcanza primero la dolorosa verdad.
¡¿Para qué hablar de los celulares?! Las traiciones se entretejen en la intimidad de unos pocos caracteres, hecho por el cual los “tortolitos” inventan cualquier clase de estrategias en aras de camuflar contactos, solapar mensajes, encubrir llamadas perdidas. ¿Dejaste el móvil en la mesa, al entrar al baño? Eres Out por regla y lo sabes. Mejor recoge el bulto y márchate.
Dato curioso: la mayoría de las veces las tentativas de engaño nunca llegan a consumarse. In fraganti, el adúltero se ve en la imposibilidad de justificar un simple filtreo telefónico. Pero eso no lo entiende, ni lo entenderá, ni lo debiera entender la otra parte.
Con razón el logo de Apple es una manzana mordida. Desde que aparecieron esas “prisiones rectangulares”, conocidas también como pantallas, tentación ha sido la palabra de orden. Con la posibilidad en las manos, ardua tarea resulta para un simple mortal el hecho de contenerse las ganas, de sucumbir a lo prohibido. Así empiezan los pecados originales: una solicitud de amistad a un(a) ex novio(a), un Me gusta a una foto de un(a) desconocido(a), un nombre sospechoso en la lista de contactos, una contraseña equiparable en complejidad a la del código de acceso del Pentágono…y así hasta el infinito.

Me pueden tildar de lo que ustedes quieran, pero prefiero la época anterior a las misiones internacionalistas. Todavía recuerdo a un amigo, desaparecido del barrio por su nueva computadora, mirándonos a cada rato desde el balcón mientras jugábamos a los escondidos. Poco a poco, el juego se fue quedando sin participantes.
Tal vez a mi generación le corresponda percibir el fin de “la relación de pareja” tradicional. Tal vez el amor solo se esté adaptando a la era de la informática. Ya me lo imagino: tendremos tantas relaciones como amigos en Facebook, sin importar el género, si total, los prejuicios de esa índole hace rato desaparecieron; los grupos se citarán, al menos una vez al mes, para tener orgías y, ¡prohibido mencionar palabras en el acto!, cualquier comentario deberá hacerse en la foto colectiva, posteada por el más destacado semental; cada quién vivirá solo, dentro de un tubo de aluminio. Habrá poca comida… pero mucha conexión. Todas las mañana los hombres y las mujeres deberán rezarle al Dios “Energía Eléctrica”, con el fin de desearle una larga y próspera vida. No vaya a ser que, con el fin de los combustibles fósiles, vuelvan a cobrar fuerza las antiguas teorías malthusianistas*.
La monogamia sufrirá el mismo destino de nuestras huellas dactilares, borradas ambas de la faz de la tierra a causa de la nueva era que se erige frente a nosotros.
*Derivado de Malthus, filósofo que consideraba a la guerra como la solución del problema de la sobrepoblación.

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